Los salvadoreños piden al arzobispo Romero, su nuevo santo, frenar la violencia
SAN SALVADOR (AFP) - En la cripta de la catedral de San Salvador, una anciana se arrodilla ante la tumba del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado hace 30 años, y como si fuera un mártir elevado a santo le pide por un milagro: frenar la ola de violencia y delincuencia.
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| Un mural con el retrato del arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero (© AFP - José Cabezas) |
Estebana Escobar, de 67 años, deja caer a un costado de la tumba un par de claveles blancos mientras se persigna y reza a quien considera "su santo, el San Romero de América".
Con motivo de la conmemoración del 30 aniversario de su asesinato, el 24 de marzo, la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES) decidió escribir una carta al Papa para "expresar el interés de la pronta conclusión del proceso de canonización".
La mujer, de largo cabello blanco, logró colarse a la cripta de la catedral, que el miércoles estuvo cerrada al público, aprovechando que trabajadores están dando una mano de pintura a las paredes del lugar que visita asiduamente.
"Hoy con toda esta desgracia que se nos ha venido encima sólo nos queda encomendarnos a Dios y pedirle a nuestro santo monseñor Romero que interceda por nosotros para que acabe el mal de tanta muerte y asaltos que están ocurriendo", dijo doña Estebana, una enfermera retirada.
A diario, salvo un par de días a la semana, la cripta de catedral es muy visitada por turistas extranjeros, estudiantes y salvadoreños que depositan flores o rezan ante la tumba de Romero para pedirle favores o milagros.
El miércoles, un grupo de turistas canadienses y estadounidenses se asomó ante la tumba de monseñor Romero, nombrado arzobispo de San Salvador por Paulo VI en 1977 y cuyos restos descansan bajo un gran monumento de bronce trabajado en Milán por el escultor italiano Pablo Borgi.
"Nos gusta conocer la historia de El Salvador y de su famoso arzobispo Óscar Romero que es conocido en todo el mundo porque fue un hombre justo", dijo a AFP, Mark Stevens, un jubilado estadounidense que llegó hace un par de días con su familia de vacaciones a El Salvador.
En el sector noroeste de San Salvador, en el hospital para enfermos de cáncer La Divina Providencia, la joven monja Mercedes Sanador, sirve de guía a un numeroso grupo de estudiantes de una escuela pública que ha llegado a conocer cómo fue la vida del religioso.
Fue en la capilla de este hospital donde a las seis y quince minutos de la tarde del 24 de marzo de 1980, un francotirador de los escuadrones de ultraderecha asesinó de un balazo en el corazón al arzobispo mientras oficiaba misa.
"Cipotes (jóvenes) pongan atención voy a explicarles quién fue monseñor Romero", decía con voz fuerte la monja Sanador, mientras les contababa que el arzobispo "siempre estuvo a la par de los pobres, fueron su opción y él mismo vivió con mucha humildad".
Los estudiantes visitaron la pequeña casa donde vivía Romero. Intactos siguen su modesto dormitorio con una cama y un escritorio, objetos personales, sotanas, incluida la que llevaba el día que cayó asesinado, todavía con restos de sangre.
"Es bueno conocer todo esto, su vida, ver que fue un hombre importante y dicen que hace milagros, así que yo ya le pedí uno que es que tengamos paz", dijo a AFP Norma Recinos, una joven estudiante de noveno grado de la escuela Liga Panamericana.
La causa para beatificar a Romero se encuentra desde 1996 en la Sagrada Congregación de los Santos, en Roma.